Por: Miguel Antonio Bernal V.

Cada amanecer es más aciago para la mayoría de la población de nuestro Panamá. La mediocridad e ineptitud de los gobernantes nos ha empujado a una de las situaciones más críticas, vividas desde la odiosa invasion de 1989. Hoy por hoy, la ciudadanía panameña no sabe adónde va y para colmo, se deja llevar sin la dignidad necesaria de la rebelión.

La partidocracia guarda silencio ante los ingentes problemas sociales y la mayoría de las organizaciones sindicales han qiedado miopes, tuertas o ciegas ante la dolorosa situación de sus agremiados y las familias de estos.

Destaco en est columna el planteamiento dado a conocer hace un par de días por el Movimiento de Ciudadanos Unidos por la Constituyente, pues el mismo es una referencia necesaria para no quedarnos sin brújula ante el ensordecedor silencio imperante.

Cuando el comunicado citado afirma que: “El empeoramiento de la crisis integral y generalizada, caracterizada por la corrupción desenfrenada, la escandalosa e insultante impunidad y la absoluta  inoperancia de los servicios públicos no cesa de crecer.  Ello ha causado un aumento del desempleo, del costo de la canasta básica, de la criminalidad, así como de la violencia y la inseguridad colectiva, que se traduce en un estado de incertidumbre y desasosiego, capaz de comprometer aún más, la precaria estabilidad social existente”; nos está yudando a poner el dedo en la llaga

Y más aun, cuando subraya: “…reconocemos que la actual crisis institucional es producto de la inconciencia, incompetencia e indolencia del gobierno. Ante la irrefutable falta de confianza y al margen de la transparencia y pulcritud que pudieran lograr en la disputa por los cargos, y de los propósitos e integridad de los candidatos de la partidocracia e “independientes”, lo único seguro es el fraude; porque quien quiera resulte vencedor, se repetirá la historia de los últimos tres decenios; con un gobierno más al servicio del poder económico, atrapado en la estructura jurídica e institucional, de la “armónica colaboración”, que prevalece en los tres Órganos del Estado.

Lo anterior, favorece la corrupción e impide conferirle prioridad a las genuinas necesidades de la mayoría. Los únicos que podrían creer en soluciones a través de las elecciones, son los que votarán por primera vez, que ignoran la obsolescencia de la “democracia representativa” y la historia reciente.”

 “…Los confabulados, expertos en el arte de mentir y vender fantasías saben bien, que la única forma de respetar el derecho a la dignidad ciudadana, a la verdadera autonomía, es mediante un Proceso Constituyente de plena participación ciudadana, pero el afán de poder y de riquezas, como el terror a la recta administración de justicia, los motiva a cualquier fechoría, tal como intentaron con la paralela, que NO es Constituyente; aunque ahora, siguiendo el guión y “administrando justicia”, reconozcan “inconstitucionalidad” en esa vulgar maniobra.”

Y no puedo menos que estar de acuerdo cuando concluye que: “La Constituyente es una sola, no admite adjetivos, porque cualquiera éste sea, desnaturaliza su esencia, que reside en la voluntad de la mayoría del pueblo. La única vía racional, pacífica, participativa, genuinamente democrática y capaz de conferir legitimidad al ejercicio del poder público es la Constituyente.”

(Este artículo es responsabilidad de su autor).

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