Por: Alfonso Fraguela.

En medio del calor y la efervescencia política, el pueblo panameño ha enfrentado problemas recurrentes como la basura, la falta de agua, el deterioro de las carreteras, los problemas en la educación, los escándalos de corrupción, el alto costo de la canasta básica y una gestión de gobierno que solamente ha bridado alivio para algunos.

Lo que fue un plan de gobierno que brindó la oportunidad de alcanzar la presidencia a Laurentino Cortizo, dejó la prosa de su discurso romántico que lo caracterizaba para quedar envuelto actos que generaron más interrogantes sin respuestas.

La pandemia, la guerra de Rusia con Ucrania, y la posible llegada de los OVNIS, han sido la mejor excusa para que la gestión del gobierno de Uniendo Fuerzas, no haya podido ejecutar actos que evidencien el no cumplimiento de sus promesas de campaña convertidas en su plan de gobierno luego del triunfo electoral. Esto ha obligado a la población a reflexionar de forma obligada si tener 5 años más de esto, sería lo apropiado para Panamá o si debemos esperar que lo que ha ocurrido germine como lo ha expresado el vicepresidente y candidato presidencial que ofrece otro tiempo igual para que todo esto brote.

No debemos desenfocarnos con discursos motivadores, sino en ver qué se hará para solucionar los existentes, y atenderlos de una manera inmediata sin la creación de tantas comisiones de alto nivel que entre pasabocas y café de exportación intercambian ideas a largo plazo, sin pensar que la casa se esta desmoronando mientras están desconectados de la realidad.

La lentitud en la toma de las acciones refleja una notoria indiferencia a los problemas reales que estamos enfrentando, y eso el pueblo lo esta sintiendo y responde guardando silencio.

Requerimos respuestas ahora, donde el pueblo sienta que está siendo atendido, aunque la cuenta regresiva ya empezó, y donde el nivel de gestión gubernamental tiene una percepción ciudadana que se encuentra en coma inducido.

Adicional a lo antes expresado, la poca confianza en los demás poderes del Estado no ha sido la excepción en este lustro. Los fallos cuestionados, la ausencia de leyes que impacten positivamente en nuestra sociedad, y que los miembros de ésta así lo observen, es una característica evidente en este periodo.

La necesidad de exigirle al gobernante que haga el trabajo para el que fue elegido, no debe concebirse como una debilidad o ñañequería de la población. No nos merecemos insultos ni que nos llamen llorones, ya que expresar nuestro descontento es el derecho de cada integrante de esta sociedad, cuando el gobierno elegido por el pueblo se distancia de los compromisos adquiridos con éste.

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