Por: Miguel Antonio Bernal V.

La aprobaciòn, en primer debate, del proyecto gubernamental sobre la extinciòn de dominio pone en la guillotina valiosas garantías fundamentales y amputa claros principios que deben proteger nuestras libertades.

En vano fueron los variados planteamientos y argumentos de académicos y letrados del foro juridico, sobre los peligros y riesgos del contenido de una ley que llegó a nuestras playas como una imposición foránea.

Las autoridades del Ejecutivo, en contubernio con los diputados del PRD, tienen ahora en sus manos, so pretexto dd perseguir el crimen, una herramienta de abierta persecución para quienes les adversen, más que para quienes delinquen. Internados en la cueva del autoritarismo, los panameños quedamos en una indefensión jurídica mayor que la existente, gracias al miedo imperante para defender nuestras libertades y, no permitir que normas impuestas nos las límiten.

El apadrinamiento de parte de los medios televisivos y escritos, a tan peligrosa norma, es extremadamente preocupante por las consecuencias que ello acarrea. La injerencia de la embajadora estadounidense en Panamá, en este tema produce indignaciòn por su colusiòn con los corruptos y la corrupción.

Hoy, los criminales y sus protectores, festinan y festinarán la aprobación de la extinciòn de dominio, seguros como están que no les alcanzará. Nos terminarán de estrangular con el leonino contrato firmado con la Minera.

Mientras el gobierno colombiano acaricia anexar nuestro país a sus veleidades expansionistasq, para lo cual la extinción de dominio les viene al pelo.

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