Por Julio Bermúdez Valdés

Es posible que los escarceos sin profundidad se deban a que era el primer debate presidencial y los expositores se dedicaron más a cuidarse y lanzar diatribas a sus oponentes, que a efectuar propuestas de fondo.
Hubo más de lo mismo, más del choque y la sospecha entre candidatos. Pareciera que, para sustentar sus propuestas, los candidatos tienen que demostrar que el otro es malo, mentiroso o incapaz, y no admiten los grandes logros del país… ¿entonces, como es que hemos avanzado? ¿Cómo es que llegamos a 2024 con una de las menores inflaciones del mundo? ¿Cómo es que los organismos internacionales evalúan como positivos los esfuerzos oficiales en la lucha contra la pobreza, al término de bajar tres puntos?
Muchos de los candidatos hablaron del siete por ciento de la educación, pero omitieron indicar que fue el resultado del pacto del gobierno con los organismos populares. Hubo una candidata que hablo de los niños que estudian con hambre, pero omitió intencionalmente el programa “Estudiar sin hambre” que puso en marcha el actual gobierno, que tiene inscrito a más del 50% de las escuelas pobres del pais. En fin, mientras que dos candidatos definían quién era más mentiroso que quién, quedaba en evidencia que hay ciertas personas que desconocen la palabra agradecimiento. Pero hay además una candidata que centra su mensaje en las críticas estructurales del sistema, y omite el cómo resolver este asunto, considerando que este país no es solo de obreros y campesinos. Creo que el desenfoque y la ausencia de honestidad reinó en el debate. Y aquí quiero subrayar un elemento, pese a que es evidente hacia dónde disparan las baterías de los grupos económicos representados en ciertos círculos mediáticos. Hay quienes olvidan que en Panamá no se define una crisis de dominación sino una crisis hegemónica, y que por lo mismo las alianzas y las definiciones de programas progresistas conllevan a considerar propuestas y no descalificaciones personales. Por eso es bueno revisar las intervenciones de los candidatos este lunes, sin apasionamientos, e interesados en los mejores intereses del país. La de José Gabriel Carrizo Jaen, por ejemplo, pese al fuego cruzado con que fue tratado. Y es lo que me lleva a una duda. Sabrina Bacal, mas en una intención que en un análisis, restó peso a las intervenciones de Carrizo Jaen, y creo que la respuesta la dio el propio Fernando Martínez cuando aseguró que nadie le tira piedra aun árbol que no da frutos. Entonces por qué las piedras contra Gaby Carrizo. De hecho creo que en este contexto debo remitirme al ejemplo que en 1999 diera la presidente Mireya Moscoso, al no asistir a los pomposos debates presidenciales, que solo son una vitrina de los grupos hegemónicos y que no reflejan lo que está pasando en las bases sociales, del odio que han cultivado contra una persona, omitiendo los logros del país, de las vidas salvadas en la pandemia, de los vales digitales para los panameños que menos tienen, tuvieran recursos; de la adecuación de precios realizada por el gobierno actual para que todo el mundo tuviera acceso a los combustibles; de las dudas y las acusaciones, sin presentar una sola evidencia. Han intensificado una campaña de descalificaciones de tal envergadura, que han hecho irreconocible las obras y los aportes significativos del gobierno en este quinquenio. Lo que, lastimosamente deja el debate, es que hay candidatos mas interesados en temas subjetivos debatibles, que en darle seguimiento a una agenda país. (JBV).

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