Por: Miguel Antonio Bernal.

El próximo 7 de octubre cumple la Universidad de Panamá 88 años de fundada durante el Gobierno de Harmodio Arias Madrid, en “una época de crisis de todo genero”. Cristalizaba así un sueño de larga data,que venía siendo truncado por la tosudez e incomprensión de algunos con poder.

Hoy, y hay que decirlo con pena, la Universidad de Panamá no es ni sombra de lo que una vez fue y, mucho menos, de lo que debiera ser en estos tiempos recios en que la educación y la preparación son combatidos son combatidos por la mediocridad y el oportunismo.

El Maestro de las Juventudes, Don Octavio Méndez Pereira, primer Rector de la Universidad de Panamá, en discurso pronunciado el 25 de febrero de 1946, en el acto de graduación, expresó:

La misión de la Universidad – se ha dicho tanto sin poder superar este escollo- ha de ser superior a la de otorgar títulos o patentes de sabiduría: tiene que dar y hacer cultura, capaz de encarnar e interpretar los problemas que plantea la transformación incesante de las ideas y de la vida; capaz , por esto mismo, de dar al traste con el funcionarismo inescrupuloso que paga con puestos a los que abandonan el estudio por la politiquería, que favorece el ascenso a posiciones de importancia o canonjías burocráticas a individuos mediocres y audaces, con postergación del mérito efectivo por el saber, por la virtud y por el patriotismo”.

Hoy por hoy, la reelección, con sus promotores y apadrinadores, han logrado reducir la Universidad a un campo de los peores vicios del clientelismo, la demagogia y el oportunismo. Las “torres de marfil egoístas y petulantes” así como las patentes de corso del antiacademicismo, han retomado fuerza y hoy se enseñorean en el claustro y todas sus dependencias.

Los impostores del templo, con su amiguismo y favoritismo están en pleno apogeo. La Universidad y sus Facultades y Centros Regionales, han pasado a ser meros apéndices  ilustrados de la partidocracia imitando todos y cada uno de sus peores y malvados vicios.

El debate y la crítica, distintivos de la academia, han estado premeditamente, más ausentes estos años y, más recientemente en el tema de la minera, en que los priincipios han sido arrinconados o desterrados. Al negarse las autoridades universitarias a que la Universidad de Panamá sea conciencia de su tiempo, ni conciencia crítica de la nación y mucho menos la luz libre y brillante que la ciudadanía reclama cada día más, la hunden con premeditación en terreno abonado al servilismo, el conformismo y el más descarado oportunismo.

El daño perpetrado por más de veinte años por García de Paredes, se ve hoy prolongado y aumentado por las actuales autoridades, que no solo han resultado también reeleccionistas, sino también, corruptas.

El insoportable olor a naftalina, que hoy apesta en el Campus universitario y sus centros y extensiones, trae, cada día más, un divorcio mayor de la Universidad con la sociedad y viceversa.

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