Por Julio Bermúdez Valdés

José Raúl Mulino se ha convertido este domingo en presidente electo de Panamá, en circunstancia muy particulares. De vicepresidente del expresidente Ricardo Martinelli en la candidatura presidencial del partido Realizando Metas, pasó a ser candidato presidencial por circunstancia conocidas, y de candidato a jefe de Estado. ¿Qué nuevos elementos incorpora este hecho al escenario político panameño?
Las elecciones realizadas este domingo han revelado las grandes divisiones políticas del Panamá de hoy, o, dicho de otra manera, las cuotas de poder que arrastran las fuerzas que se arropan detrás de cada candidatura, y sobre las cuales Mulino alcanza la significativa ventaja que brinda el control del poder ejecutivo, con las características presidencialistas que existen en Panamá.
Dos posibilidades se derivan de tales circunstancias: que el nuevo mandatario opte por los esfuerzos unificadores que requiere el país, sobre todo por los grandes desafíos que se plantean Panamá y el mundo para el próximo quinquenio, o que, de no encontrar eco en esas intenciones opte por llevar adelante en solitario la propuesta aprobada por ese 34 por ciento de electores que lo ha elegido, y de la cual ha hablado en las primeras horas de su triunfo.
Para ambas posibilidades Mulino va a requerir de un gran manejo político, materia en la que no es un improvisado si se considera que en los últimos 24 años ha sido vicecanciller, canciller, ministro de seguridad, y un amplio conocedor del resto de las fuerzas políticas que podrían advérsales, y con muchas de los cuales compartió jornadas desde los años de la Cruzada Civilista.
Un escenario nada fácil pero que de seguro podría facilitársele si traza con puntualidad las tareas urgentes del país, y para las cuales podría buscar consensos entre las distintas fuerzas políticas, considerando las agendas enarboladas por estas últimas durante la campaña.
Por ejemplo hereda un desempleo que supera el siete por ciento, una deuda pública que raya en los 50 mil millones de dólares, un tema minero que podría enfrentar al país con demandas internacionales multimillonarias luego que la Corte Suprema de Justicia declarara inconstitucional el contrato del Estado con Minera Panamá, un tema educativo que no se acaba de resolver, y una ciudadanía ávida de medidas que garanticen la funcionabilidad institucional del país en temas como el agua, la Caja de Seguro Social, las pensiones a los jubilados y un tema judicial que él mismo ha mencionado recientemente. Habría que sumar a estos las consecuencias del cambio climático y el Canal de Panamá.
Cuenta a su favor con el país con la menor inflación de la región, 1.3%, que ha sido el de mayor crecimiento económico, la mejor recuperación económica en los últimos tres años, con una reducción significativa de la pobreza en América Latina, de 19% en 2018 a 14,8 en 2022,una reducción del 4.2%, y la institucionalización de la lucha contra ese flagelo, una inversión en infraestructuras que superó los cien mil millones de dólares en los últimos cinco años, así como con un país que, pese a los estragos de una pandemia que duró dos años, sigue siendo bien visto por los organismos internacionales de crédito de acuerdo con los balances del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial.
En la arena internacional los conflictos que hacen de la paz un escenario frágil, la guerra de Rusia y Ucrania, y el conflicto en el medio oriente, así como el tema migratorio en el que por lo registrado en las últimas horas podría estar contemplando el cierre de la frontera. En el ara diplomática, la situación del expresidente Ricardo Martinelli Berrocal en la embajada de Nicaragua.
Toda una agenda la que pone a prueba al nuevo mandatario. Durante su última gestión fue evidente su batalla abierta contra el crimen organizado. Fue él quien encabezó la decisión de blindar al país con 19 radares alrededor de su geografía, con una cobertura de tierra hacia arriba para evitar callejones a las narcoavionetas, y coberturas en casi 40 millas de mar para detectar a las lanchas rápidas del narcotráfico, y por lo cual fue combatido severamente por fuerzas locales. Diez años después de su salida del gobierno el tema del narcotráfico en Panamá es mucho mas graves de acuerdo alas cifras que revela el Ministerio de Seguridad hoy. Toneladas de drogas se siguen decomisando en el país-
No seria bueno dudar de que Mulino trae consigo un plan de gobierno que podría convertirse en eje de un posible consenso nacional. Contrario a lo que algunos han sugerido, la trayectoria de Mulino no es propiamente la de una figura obtusa- Se evidencia como una figura que sabe lo que quiere y hacia dónde va…¿Cómo lo hará? Esa es la gran incógnita.

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